
Después de la exitosa (¿?) primera aproximación al enfoque que separa estas dos dimensiones al intentar abordar un oficio, les doy un poco de contexto a la paradoja que intentaré relatar. Les advierto de inmediato, que este post es combinado entre educación y emprendimiento, por el sencillo hecho que requiere romper el mismo paradigma: dejar de hacer las cosas como siempre.
Partamos por nuestras habilidades. Como relata un popular estudio ya mencionado en este humilde blog, tendemos a sobredimensionarlas, todas ellas (creernos mas o menos, como diría la jerga). Esto es perfectamente natural pero en igual manera muy contraproducente, al impedirnos dimensionar con claridad nuestros requisitos y esencialmente, el tiempo que nos tomará en hacerlos. Este principio genera algo similar a la resiliencia al esfuerzo, que tarde o temprano se paga caro: Trabajo sacrificado muchas veces es la suma de trabajos pequeños que no se hicieron a tiempo, dicen. Pero es eso, trabajo, lo que dará pié a esta idea: hay que invertir en aprender y desarrollar la habilidad.
Prosigamos con nuestras herramientas – o en manera genérica, nuestra manera de hacer las cosas, contrario a como las vemos usando nuestras habilidades. Estas herramientas no están sujetas al vicio anterior (visible mediante la procrastinación), sin embargo tienen un cierto costo de aprendizaje. Si usted tiene una profesión, sabrá de inmediato que no nació sabiendo de cartas gantt, las leyes del país o la técnica culinaria que tanto maneja ahora: debió aprender la herramienta, por ende también requiere una inversión.
Acá aparece la paradoja: al intentar aprender un oficio (léase, habilidades Y herramientas asociadas), tendemos a querer adquirir solo uno de estos elementos, pensando que el otro no es necesario.
Esta paradoja puede llevar a serios problemas, como les explicaré más adelante, pero primero vamos con un par de ejemplos asociados a las nunca bien ponderadas acciones (si, como las de la bolsa):
- El primer escenario es intentar aprender las herramientas, pero no las habilidades, que lo definiremos como mecanización. Esta idea de fast track para lograr algo, se ve claramente cuando alguien “repite como loro” o “se sabe de memoria los pasos” – en general no entender el problema, sino la solución. Visible en el trader, osea el que está día a día fijándose en el hombro-cabeza-hombro, el rebote técnico, la banda y tendencia y cosas así. Pero anda a preguntarle por qué subió el precio de una acción y bajó el otro, si a nuestra Kenita se le ocurrió jotear a Martín Lousteau.
- El segundo escenario es intentar aprender las habilidades, pero no las herramientas, lo que definiremos como idealización. Este camino, usualmente más lento, carece de aplicaciones prácticas y es un problema crónico en el “estudiante eterno” o el “académico puro”, ese que nunca ha pisado un pie en las tierras en que día a día se ocupan las herramientas. Incluso, una idealización comúnmente ayuda a desarrollar nuevas y mejores herramientas. Visible en el profesor universitario, ese que está siempre amasando la teoría (que puede que incluso haya creado él mismo), enseñándola, viviéndola pero nunca aplicándola. El índice de sharpe, el ROE, ROA, PGU, la Política de dividendos y tantas otras cosas más que hacen sentido perfecto, solo dentro de la mente de quien las imagina. Fuera de ésta, se encuentran con la cruda realidad de mercados ineficientes, agentes racionales pero poco lógicos, respuestas subóptimas y obviamente, los traders (que serían algo así como los hooligans del cuento).
Ambos escenarios pueden visualizarse también según una idea de costo alternativo: si aprender habilidades y herramientas me denota un costo en tiempo y esfuerzo; puedo intentar aprender las dos (máximo costo), u optar a sacrificar una y caer en ya sea una mecanización o una idealización (a un menor costo). Y como no hay ninguna garantía de que efectivamente el aprendizaje mixto sea mejor que una u otra alternativa, todos la dudamos.
Este tradeoff es conocido para los estudiantes, a la hora de dar una prueba. Usualmente tienen dos caminos para prepararlas: revisar pruebas antiguas (mecanización) o leer y dominar la materia de clases (idealización). Queda claro que el óptimo para el profesor es lograr ambas, y que el objetivo de la medición debería ser este, sin embargo diversas flojeras en general hacen que esto no sea posible. Ergo, el alumno revisará como respuesta óptima (en una interesante aplicación de las Expectativas Racionales) cuánto han variado las preguntas a lo largo del tiempo, distinguiendo entonces si mecanizarse o idealizarse. Lograr ambas solo le queda al alumnado top o al suertudo que tenga el tiempo y el orden para hacerlo, y si en lo único que nos fijamos es en la nota, no es tan malo cometer esta aparente herejía.
Y es aquí donde el emprendimiento hace su entrada triunfal. En el emprendimiento, ambas componentes se requieren sino la empresa se hunde. Claro, podemos pensar que los emprendedores old school nunca le dieron importancia a aprender una herramienta o una habilidad, pero hay dos hechos que contradicen eso: Primero, que nadie estaba haciéndolo, por ende era bastante ensayo-error la cosa. Segundo, hoy en día a tanto idealizadores como mecanizadores les interesa el éxito en emprendimiento, por ende una simple búsqueda en google de las frases “start your own business now” o “entrepreneurship factors and determinants” le dará las la prueba. Por esto, y siguiendo la idea de las 10.000 horas, una manera razonable de entender estas horas, es generar las habilidades y las herramientas no solo a quienes están a cargo de la empresa, sino a la empresa en si. Piense lateralmente un poquito para entender cómo su empresa podría tener/conocer/generar herramientas. Es útil, y se ve súper bonito al final como el esquivo talento que nadie le dice de dónde changos sale.
Todo esto es muy lógico, ¿cierto?. Pero yo les prometí una paradoja, que es el principal tope a todo esto según mi experiencia. La tendencia al intentar aprender algo nuevo, es conformarse con aprender solo una de las componentes, y asumir que la otra no es necesaria ya que mi formación/experiencia/genialidad previa lo suple demás. Para nosotros, todo está bien y la falencia no se nota a corto plazo, pero en verdad nos convertimos en un mecánico o un idealista sin quererlo.
Acá es donde juntamos todo: sobredimensionamiento de nuestras propias habilidades y herramientas, costo alternativo de aprender ambas, trade-off entre la mecanización o la idealización, riesgo de no-dominio del oficio por falta de una u otra, falencia a mediano-largo plazo… (entreténgase juntando nomás).
Vamos con los ejemplos, bastante personales por lo demás: Si usted es bueno con las matemáticas (herramientas) y le enseñan contabilidad, usted tenderá a concentrarse en aprender todo lo que no sea herramienta, y en el mejor de los escenarios será un excelso teórico en contabilidad. Sin embargo, el no haberse fijado en algo tan simple como la técnica contable, le puede salir muy caro a la hora de intentar resolver problemas reales – por ejemplo, armar un balance. Siguen siendo matemáticas, sigue usted sabiendo qué tiene que hacer… pero no puede. No puede, porque le falta la herramienta que usted desestimó (en lo que denominaremos falta a la aplicación).
En cambio, usted puede que sea un erudito en administración, con un pomposo cartón universitario que asegure y recontraasegure que usted puede guiar una empresa completa. Luego, si usted quiere efectivamente poner una empresa de alimentos, buscará aprender cómo se lleva un negocio así, dónde y cómo comprar y contratar gente, y luego sentarse a esperar que lleguen los clientes. Pero nunca se cuestionó si la administración, como usted la aprendió, es correcta para este fin. Lo mas probable es que no, y que si no pide ayuda (o tiene suerte), tenga grandes posibilidades de fallar. Fallar, porque le faltó desarrollar la habilidad que usted pensaba que tenía (en lo que llamaremos falta al cuestionamiento).
El efecto neto es claro: ya sea por falta al cuestionamiento o a la aplicación, hay dos tremendos precipicios al no preocuparse de manera balanceada de habilidades y herramientas para hacer algo. El punto es que los riesgos son claros, sin embargo difíciles de medir y no inmediatos. La conclusión es que la paradoja es tan real como la necesidad de aprender herramientas o habilidades de manera individual, y pasa por nosotros combatirla a la hora de aprender (y particularmente, emprender) de manera responsable. No caer en las faltas al cuestionamiento o a la aplicación, y ya verá como incluso, #todocalzapollo.