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Profesión, Oficio, Carrera

  Partimos mal si estas tres palabras significan lo mismo para usted. Siguiendo la idea de la independencia que tantos problemas nos trae, veamos el camino “regular” para hacer que esto vaya teniendo un sentido. Lo pongo entre comillas, porque usted está libre de hacer lo que quiera mientras no infrinja las reglas… Pero seamos [...]

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De la (in)dependencia

  Me considero bastante independiente, vea usted. Y por independencia, no me refiero a un cliché de ser “libre como el viento”, sino que se podría partir por hacer el cuestionamiento básico: ¿Qué es? En sentido estricto, es la ausencia de dependencia (duh). En sentido práctico, refiere a un estado libre de ataduras al pensamiento, [...]

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Separando habilidades de herramientas, reloaded.

Después de la exitosa (¿?) primera aproximación al enfoque que separa estas dos dimensiones al intentar abordar un oficio, les doy un poco de contexto a la paradoja que intentaré relatar. Les advierto de inmediato, que este post es combinado entre educación y emprendimiento, por el sencillo hecho que requiere romper el mismo paradigma: dejar [...]

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The Museum of Me

La última de intel: mostrar todo lo que pueden hacer sus sistemas, en crear un museo de ti. No es un museo PARA ti, es DE ti. Choro, cierto? Imagínese cuánto costaba hacer un collage como este hace, digamos, cinco años. Diez, veinte, su pre kinder. La pregunta es… si pueden hacer esto, qué más [...]

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Profesión, Oficio, Carrera

 

Partimos mal si estas tres palabras significan lo mismo para usted. Siguiendo la idea de la independencia que tantos problemas nos trae, veamos el camino “regular” para hacer que esto vaya teniendo un sentido. Lo pongo entre comillas, porque usted está libre de hacer lo que quiera mientras no infrinja las reglas…

Pero seamos realistas. Gran parte del mundo esta inmerso en lo que conocemos como Economía Social de Mercado, osea, hay que trabajar (o alguien tuvo que trabajar por usted) para vivir. El esfuerzo humano se materializa de muchas formas, y con un poco de trabajo mental, esta idea podría cuadrar lo incuadrable: las monarquías. En una sociedad, alguien estuvo ahí primero, alguien pudo juntar los ejércitos, alguien puso orden y dio las reglas. El príncipe Harry vive de eso ahora, mientras nosotros nos preguntamos por qué no venimos de una casta real. No debió ser fácil para el ideólogo de siglos atrás, pensar en un sistema tan sostenible hasta nuestros días. Los partícipes de una vida de iglesia podrían verse desde una óptica similar, como artesanos de una creencia que les da su lugar en la sociedad… ¿pero ve? sigue dependiendo de trabajo, directa e indirectamente.

Pero bueno, a casi todo el resto de los mortales nos aqueja y acompleja la idea de hacer algo útil por nosotros mismos (y ojalá, por la sociedad, aunque muchos invierten el orden…). Aquí aparece la idea de Carrera, que defino como la secuencia de acciones y condiciones que nos llevarán a resultados al corto, mediano y largo plazo. En términos simples, hacer carrera puede ser simplemente preocuparse de que quiero tener estabilidad financiera a los 35, un quincho en el patio a los 40, una vejez digna a los 60, la paz mundial a los 120 (¿?). No todo resultado es material, recuerde, pero sí usualmente se origina de una preocupación material (y nuevamente, no descarto que una preocupación supramaterial pueda tomar parte en esto, aunque es muy raro). El chiste está en qué hacer para lograr estos resultados, en esta trayectoria que definimos como carrera, y veremos que esto se reduce a algo más tangible.

Un oficio puede pensarse como el conjunto de herramientas y habilidades que nos permiten hacer carrera. Es claro que éstas pueden ser adquiridas de las más extrañas maneras, el punto es tenerlas a disposición y mantener la claridad que sin éstas, difícilmente lograremos los objetivos que se cuadran con el párrafo anterior. Lamentablemente, hay una relación muy estrecha entre oficio y condiciones, a menudo traducido en un paradigma que conviene no tener: la creencia de no poder hacer algo, contra la posibilidad efectiva de hacer algo. Cabe destacar que aquí está la clave de la superación personal, ya que el mero hecho de adquirir herramientas y habilidades para lograr lo que antes me parecía imposible; redefine mi oficio, amplía mi carrera y en general puede llegar a hacerme mejor persona (¿?). Un ejemplo de oficio es ser zapatero, emprendedor o consultor de empresas. Eso no se estudia en ninguna universidad, no lo dice ningún libro de manera clara pero si puede ser asociable a un subset de herramientas y habilidades… ojo, sin importar de dónde salieron estas.

Y acá es donde yo le doy con un mazo a un paradigma muy común en las sociedades actuales: Si usted pensaba que las tres palabras del principio significaban lo mismo, es porque probablemente las tres le significaban pro-fe-sión. La profesión es netamente, una estructuración de lo que usted necesita dominar (nuevamente, en herramientas y habilidades) para ejercer una determinada tarea… o bueno, puede ser más de una tarea pero siempre en la misma línea. Si su profesión es Ingeniero ¡Me alegro! pero eso no garantiza un oficio ni mucho menos una carrera. Este horrible paradigma es la mayor tranca al emprendimiento, ya que define carreras y oficios a partir de una escueta óptica de profesiones.

Le cuento algo aterrador también, las personas que no logran ir a la universidad tienen esto mucho más claro que el universitario, por un asunto de mera necesidad. Usted va a ver que usualmente, las personas que siguen un oficio familiar mantienen negocios por años, e incluso (cosa rara) no se complican por vanalidades. Lo mismo ocurre para las personas que tienen metas de carrera claras, o derechamente los que optan por tirar todo esto por el caño e improvisarlo todo. El punto clave está en que salirse de la idea de profesión es uno de los mejores consejos que puedo dar, y por suerte ya hay personas a las que les he podido contar esto. Así que le dejo las preguntas:

¿Cuál es su carrera, con sus respectivas metas?

¿Cuál es su oficio, y qué relación tiene con su carrera?

¿Qué profesión(es) le permiten (o permitirán) tener un oficio coherente con su carrera?

Recuerde, NADIE va a hacer esto por usted, y yo cumplo con mi deber autoimpuesto de verbalizarlo y ordenarlo. Mejor vaya planificándose.

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De la (in)dependencia

Angel de la Independencia

 

Me considero bastante independiente, vea usted. Y por independencia, no me refiero a un cliché de ser “libre como el viento”, sino que se podría partir por hacer el cuestionamiento básico: ¿Qué es?

En sentido estricto, es la ausencia de dependencia (duh). En sentido práctico, refiere a un estado libre de ataduras al pensamiento, acción y omisión. En sentido filosófico, ha tomado matices en verdad muy peligrosos y poco acotables como para ser descritos por un artículo de blog. Más de una vuelta mental le podría dar la misma respuesta que a mi: La independencia no se describe con palabras (para variar).

No vea que rendirse a la volubilidad del idioma castellano es una mala opción. De hecho, hay veces que le da el realce necesario a conceptos que bajo ninguna circunstancia deberían ser encasillados (como éste). A cambio, estimado lector y lectora, le ofrezco una alternativa: ¿Qué hacemos con la independencia?

Esta pregunta – axiomáticamente analizada – refiere solo a la acción y omisión, sin embargo dista de esto a mi parecer. La influencia de la independencia en el pensamiento, hace que nuestra acción se vea acotada por lo poco que sabemos. Y acá partimos, con hacer un rayado de cancha para ver qué hacer al respecto. Veamos los hechos primero.

- Vivimos bajo un conjunto de “restricciones”, no de “lineamientos”. Las leyes, los paradigmas sociales, la vida misma, la experiencia y la crianza nos dicen lo que NO debemos hacer (usualmente con negrita o cachetadas bien fuertes) pero sin embargo distan de ser una guía efectiva de comportamiento. Lo chistoso es que la vida misma enseña que los “riesgos”, vistos como salirse de la norma, están siempre acotados a lo que nosotros pensemos de lo posible e imposible; así como la “creatividad” es simplemente pensar y/o hacer lo que nadie creía posible antes.

Moraleja 1: Sáquese de la cabeza que NO PUEDE hacer algo, siempre y cuando no esté en las restricciones. No me hago responsable si se lo llevan los pacos o la FNE.

- Tampoco seamos idealistas. No porque no se nos restrinja hacer algo, vamos a poder hacerlo, sin embargo sacar la primera “tranca” sirve de mucho más de lo que se ve a primera vista. Existe una serie de cosas que usted puede hacer, contra una serie de cosas que usted cree poder y no poder hacer. Ya distinguimos las que hacen que le caiga la guillotina, y las sacamos. ¿Pero qué pasa con las otras?. Categoricemos denuevo en factibles y no factibles, pero quiero ser claro en esto: depende de lo que PODAMOS hacer, no de lo que CREAMOS que podemos hacer. Esta segunda definición se asocia a los imposibles de verdad, aquellos que ni en un millón de años lograríamos (ya veremos por qué) y comúnmente, tomaría generaciones para cambiar o llegar a algo someramente cercano, ¡como la teletransportación!.

Moraleja 2: Es más importante saber a donde NO puedo llegar, que a dónde efectivamente voy a terminar. Trate de disfrutar el camino hasta allá también.

- Lo tercero es redefinir el concepto de hacer. Si, porque así como no todo depende de usted, no todo lo TIENE que hacer usted. Pueden ser sus hijos. Puede ser su familia. Puede ser un amigo. Pueden ser sus alumnos. Puede ser su tataratataranieto. Puede ser cualquiera, mientras esté claro que pudo gracias a usted (aunque sea en una fracción mínima). Aquí dejaremos en claro que esto solo referirá a conexiones HUMANAS. No porque yo le esté pagando la beca doctoral a un genio que curará el cáncer con mis impuestos, será parte de mis logros. La meta de mi abuelo, por ejemplo, siempre fue que sus hijos fueran profesionales exitosos. La meta de mis padres andaba por ahí. A pesar de que lo hacían con mitad obligación moral por nuestro bienestar, mitad cariño y preocupación, no se devela bien el por qué de sus acciones. Nuevamente otro indefinible, pero de este si se puede sacar algo muy interesante.

Moraleja 3: Lo fundamental es posibilitar que se puedan tener más y mejores opciones para hacer, para nosotros y para el resto, así determinando nuestras acciones actuales. Este creo, es un buen punto de partida para entender por qué la ayuda entre los humanos nos salva cuando estamos mal… Y para evitar de pasadita severos vicios conocidos como los “pecados capitales”. ¿Le suenan?

Pero bueno, ahora si le puedo contar que sorprendentemente, mi concepto de independencia no tiene que ver con solo una de estas tres cosas en particular. Es el proceso completo y la “big picture” al conocer las tres moralejas. Saber que mi libertad se acaba donde parte la del otro es crucial en esto, así como entender que mis actos afectan a otras personas y que debo intentar NO reducir las opciones de otros.

Si conoce sus restricciones, sus no factibles y el alcance de sus actos, esto tiene sentido. Ahora solo le queda condimentar su vida con la dulce presencia de los efectos posibles de éstos. En la teoría formal, esto se podría ver como una aplicación estándar de opciones reales. Yo lo veo como vivir bayesiano, es decir, siempre mirando las probabilidades de que algo ocurra.

Dos acotaciones a esto de los efectos, vienen dadas por la experiencia y no por un mero ejercicio mental reflejado acá. Una tiene que ver con la dependencia, y otra con los fines del pensamiento y la acción.

- La dependencia, entendida en este nuevo sentido, es el estado anómalo de falta de independencia. Falta de conocimiento, falta de cuestionamiento, falta de seguridad, falta de creencia, falta de confianza… en resumen, FALTA. No atreverse a ver los límites de sus capacidades, a revisar hasta el mismo borde de la cancha en que juega todos los días, viviendo en la comodidad de los reglamentos entendidos como lineamientos (diferencia fundamental de este artículo). Como puede ver, esta definición es absolutamente compatible con lo que tradicionalmente podría verse como dependencia, como el hecho de necesitar de ciertas cosas o personas para seguir adelante con su propia independencia, y posibilitar la del resto… pero no para más. Caer en esta comodidad es el gran peligro, que termina matando personas, amistades, parejas, países, sociedades enteras.

- Los fines por los cuales se realiza una acción bajo un supuesto de independencia no son únicos para cada una. Yo puedo ganar dinero y ayudar a la vez. Puedo preocuparme de alguien y “enderezarlo” a la vez. Puedo, en la medida que esté muy seguro de que no afecta las tres moralejas antes mencionadas. Un ejemplo clásico de esto es la crianza: ¿Cómo distinguir un hobby de una profesión? ¿Cómo distinguir una libertad de un mal hábito? ¿Cuándo corregir una acción que puede llevar a alguien inconsciente a un resultado que le sería perjudicial?. La solución a estas preguntas aún no la tengo, y espero nunca tenerla para seguirla buscando con ansias. Lo que si debe quedar clarísimo, es que en ninguno de estos escenarios hipotéticos (ojalá) transgredamos el bienestar de otros, aunque a veces se deba optar por el mal menor. La clave está en la conciencia sobre los efectos de nuestros pensamientos y actos, algo así como el alcance de éstos.

En resumen, no piense en dependencia. Piense en independencia como un regalo del libre pensamiento. El hacerlo, puede hacer que usted entienda cómo el capitalismo es parte bueno y parte malo, por qué existen guerras y algo tan básico como entender la preocupación de educar. Como broche de oro, le cuento un secreto: Es común renunciar a la independencia por un bien individual y/o común. La fineza está en escoger nuestras batallas y hacer lo mejor de éstas, mientras la vida se encarga del resto. Después de todo, la vida es lo que pasa mientras haces otros planes, ¿o no?.

 

 

PD: Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, es enseñarle a alguien (y a veces, algunos) cómo manejar su independencia, y de ahí salió esta estructuración. Por tutatis, evite este tipo de tareas en lo posible. Sin embargo, y si no le queda otra, tome aire y recuerde a Mark Twain: “Always do right. This will gratify some people and astonish the rest”.

PD2: Enseñar independencia conlleva per se un vínculo humano de confianza y necesidad como los descritos antes, y depende del instructor si esto se transformará en dependencia o no. Ante esto, sepa cortar el cordón a tiempo… ¿es como la idea de la independencia, no?

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Separando habilidades de herramientas, reloaded.

Después de la exitosa (¿?) primera aproximación al enfoque que separa estas dos dimensiones al intentar abordar un oficio, les doy un poco de contexto a la paradoja que intentaré relatar. Les advierto de inmediato, que este post es combinado entre educación y emprendimiento, por el sencillo hecho que requiere romper el mismo paradigma: dejar de hacer las cosas como siempre.

Partamos por nuestras habilidades. Como relata un popular estudio ya mencionado en este humilde blog, tendemos a sobredimensionarlas, todas ellas (creernos mas o menos, como diría la jerga). Esto es perfectamente natural pero en igual manera muy contraproducente, al impedirnos dimensionar con claridad nuestros requisitos y esencialmente, el tiempo que nos tomará en hacerlos. Este principio genera algo similar a la resiliencia al esfuerzo, que tarde o temprano se paga caro: Trabajo sacrificado muchas veces es la suma de trabajos pequeños que no se hicieron a tiempo, dicen. Pero es eso, trabajo, lo que dará pié a esta idea: hay que invertir en aprender y desarrollar la habilidad.

Prosigamos con nuestras herramientas – o en manera genérica, nuestra manera de hacer las cosas, contrario a como las vemos usando nuestras habilidades. Estas herramientas no están sujetas al vicio anterior (visible mediante la procrastinación), sin embargo tienen un cierto costo de aprendizaje. Si usted tiene una profesión, sabrá de inmediato que no nació sabiendo de cartas gantt, las leyes del país o la técnica culinaria que tanto maneja ahora: debió aprender la herramienta, por ende también requiere una inversión.

Acá aparece la paradoja: al intentar aprender un oficio (léase, habilidades Y herramientas asociadas), tendemos a querer adquirir solo uno de estos elementos, pensando que el otro no es necesario.

Esta paradoja puede llevar a serios problemas, como les explicaré más adelante, pero primero vamos con un par de ejemplos asociados a las nunca bien ponderadas acciones (si, como las de la bolsa):

- El primer escenario es intentar aprender las herramientas, pero no las habilidades, que lo definiremos como mecanización. Esta idea de fast track para lograr algo, se ve claramente cuando alguien “repite como loro” o “se sabe de memoria los pasos” – en general no entender el problema, sino la solución. Visible en el trader, osea el que está día a día fijándose en el hombro-cabeza-hombro, el rebote técnico, la banda y tendencia y cosas así. Pero anda a preguntarle por qué subió el precio de una acción y bajó el otro, si a nuestra Kenita se le ocurrió jotear a Martín Lousteau.

- El segundo escenario es intentar aprender las habilidades, pero no las herramientas, lo que definiremos como idealización. Este camino, usualmente más lento, carece de aplicaciones prácticas y es un problema crónico en el “estudiante eterno” o el “académico puro”, ese que nunca ha pisado un pie en las tierras en que día a día se ocupan las herramientas. Incluso, una idealización comúnmente ayuda a desarrollar nuevas y mejores herramientas. Visible en el profesor universitario, ese que está siempre amasando la teoría (que puede que incluso haya creado él mismo), enseñándola, viviéndola pero nunca aplicándola. El índice de sharpe, el ROE, ROA, PGU, la Política de dividendos y tantas otras cosas más que hacen sentido perfecto, solo dentro de la mente de quien las imagina. Fuera de ésta, se encuentran con la cruda realidad de mercados ineficientes, agentes racionales pero poco lógicos, respuestas subóptimas y obviamente, los traders (que serían algo así como los hooligans del cuento).

Ambos escenarios pueden visualizarse también según una idea de costo alternativo: si aprender habilidades y herramientas me denota un costo en tiempo y esfuerzo; puedo intentar aprender las dos (máximo costo), u optar a sacrificar una y caer en ya sea una mecanización o una idealización (a un menor costo). Y como no hay ninguna garantía de que efectivamente el aprendizaje mixto sea mejor que una u otra alternativa, todos la dudamos.

Este tradeoff es conocido para los estudiantes, a la hora de dar una prueba. Usualmente tienen dos caminos para prepararlas: revisar pruebas antiguas (mecanización) o leer y dominar la materia de clases (idealización). Queda claro que el óptimo para el profesor es lograr ambas, y que el objetivo de la medición debería ser este, sin embargo diversas flojeras en general hacen que esto no sea posible. Ergo, el alumno revisará como respuesta óptima (en una interesante aplicación de las Expectativas Racionales) cuánto han variado las preguntas a lo largo del tiempo, distinguiendo entonces si mecanizarse o idealizarse. Lograr ambas solo le queda al alumnado top o al suertudo que tenga el tiempo y el orden para hacerlo, y si en lo único que nos fijamos es en la nota, no es tan malo cometer esta aparente herejía.

Y es aquí donde el emprendimiento hace su entrada triunfal. En el emprendimiento, ambas componentes se requieren sino la empresa se hunde. Claro, podemos pensar que los emprendedores old school nunca le dieron importancia a aprender una herramienta o una habilidad, pero hay dos hechos que contradicen eso: Primero, que nadie estaba haciéndolo, por ende era bastante ensayo-error la cosa. Segundo, hoy en día a tanto idealizadores como mecanizadores les interesa el éxito en emprendimiento, por ende una simple búsqueda en google de las frases “start your own business now” o “entrepreneurship factors and determinants” le dará las la prueba. Por esto, y siguiendo la idea de las 10.000 horas, una manera razonable de entender estas horas, es generar las habilidades y las herramientas no solo a quienes están a cargo de la empresa, sino a la empresa en si. Piense lateralmente un poquito para entender cómo su empresa podría tener/conocer/generar herramientas. Es útil, y se ve súper bonito al final como el esquivo talento que nadie le dice de dónde changos sale.

Todo esto es muy lógico, ¿cierto?. Pero yo les prometí una paradoja, que es el principal tope a todo esto según mi experiencia. La tendencia al intentar aprender algo nuevo, es conformarse con aprender solo una de las componentes, y asumir que la otra no es necesaria ya que mi formación/experiencia/genialidad previa lo suple demás. Para nosotros, todo está bien y la falencia no se nota a corto plazo, pero en verdad nos convertimos en un mecánico o un idealista sin quererlo.

Acá es donde juntamos todo: sobredimensionamiento de nuestras propias habilidades y herramientas, costo alternativo de aprender ambas, trade-off entre la mecanización o la idealización, riesgo de no-dominio del oficio por falta de una u otra, falencia a mediano-largo plazo… (entreténgase juntando nomás).

Vamos con los ejemplos, bastante personales por lo demás: Si usted es bueno con las matemáticas (herramientas) y le enseñan contabilidad, usted tenderá a concentrarse en aprender todo lo que no sea herramienta, y en el mejor de los escenarios será un excelso teórico en contabilidad. Sin embargo, el no haberse fijado en algo tan simple como la técnica contable, le puede salir muy caro a la hora de intentar resolver problemas reales – por ejemplo, armar un balance. Siguen siendo matemáticas, sigue usted sabiendo qué tiene que hacer… pero no puede. No puede, porque le falta la herramienta que usted desestimó (en lo que denominaremos falta a la aplicación).

En cambio, usted puede que sea un erudito en administración, con un pomposo cartón universitario que asegure y recontraasegure que usted puede guiar una empresa completa. Luego, si usted quiere efectivamente poner una empresa de alimentos, buscará aprender cómo se lleva un negocio así, dónde y cómo comprar y contratar gente, y luego sentarse a esperar que lleguen los clientes. Pero nunca se cuestionó si la administración, como usted la aprendió, es correcta para este fin. Lo mas probable es que no, y que si no pide ayuda (o tiene suerte), tenga grandes posibilidades de fallar. Fallar, porque le faltó desarrollar la habilidad que usted pensaba que tenía (en lo que llamaremos falta al cuestionamiento).

El efecto neto es claro: ya sea por falta al cuestionamiento o a la aplicación, hay dos tremendos precipicios al no preocuparse de manera balanceada de habilidades y herramientas para hacer algo. El punto es que los riesgos son claros, sin embargo difíciles de medir y no inmediatos. La conclusión es que la paradoja es tan real como la necesidad de aprender herramientas o habilidades de manera individual, y pasa por nosotros combatirla a la hora de aprender (y particularmente, emprender) de manera responsable. No caer en las faltas al cuestionamiento o a la aplicación, y ya verá como incluso, #todocalzapollo.

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The Museum of Me

La última de intel: mostrar todo lo que pueden hacer sus sistemas, en crear un museo de ti. No es un museo PARA ti, es DE ti. Choro, cierto? Imagínese cuánto costaba hacer un collage como este hace, digamos, cinco años. Diez, veinte, su pre kinder. La pregunta es… si pueden hacer esto, qué más pueden/podrán hacer? :O

 

Intel® The Museum of Me.

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Changing Education Paradigms – RSA Animate

Otra de Sir Ken. Acá de una manera más… animada. Ojo con el cambio de paradigma que sugiere.

 

YouTube – RSA Animate – Changing Education Paradigms.

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